miércoles, septiembre 21, 2011

¿Es Dios un psicópata? (Prueba 1)


Nos dicen los evangelios (Palabra de Dios) que habiendo nacido Jesús en Belén se acercaron a dorarle tres reyes magos venidos de Oriente. Habían llegado hasta muy cerquita de Belén pero al fallarles el GPS marca “Estrella” se vieron en la necesidad de buscarle al modo antiguo.
Siendo como eran, reyes, queda claro cual podía ser su nivel de inteligencia, y por esa razón no se les ocurrió otra cosa que ir a buscar al Rey de Reyes al palacio de Herodes (la nobleza solo sabe desenvolverse entre los de su clase, el resto es como si no existieran).
Tras golpear la aldaba palaciega (200 Kg de bronce colgados a mano) debió entablarse un diálogo parecido al que sigue.
-Mande –Dijo el portero.
-Buenas. Perdone que llamemos a estas horas pero estamos buscando al Rey de Reyes. Al Mesías –Soltó Baltasar, que al ser negro pillaba en todo.
-Aquí no está. Este es el palacio de Herodes.
-Pero –balbuceó Gaspar
-Que sí, coño. Que aquí vive Herodes. Ni Rey de Reyes, ni Mesías. HE,RO,DES.
No me extenderé en los dimes y diretes que se llevaron a cabo entre unos y otros hasta que se abrieron las puertas y pudieron entrar. No comentaré los exabruptos que soltó Herodes, pillado a medio coito con una esclava que estaba para mojar pan. Ni me extenderé en las explicaciones, gratuitas todas ellas, que le dieron los reyes a Herodes. Lo importante es lo que masculló y maquinó éste cuando los Magos se fueron a echar una cabezada.
“¿Un rey? ¿Un rey para echarme del trono? Ahora resulta que ha nacido un niñito que me va a levantar el trono. A mí, a Herodes el Grande. Y una mierda. No ha nacido hijo de madre que vaya a levantarme el culo de la silla. ¿Me estará esperando todavía Ruth? La he dejado a medias y esto es malo para mi digna reputación. No te desvíes, céntrate. ¿Qué hago? ¿Me pongo a buscar por todo Israel hasta que lo encuentre? Imposible, habrá hecho el servicio militar para entonces. ¡Ya está! A grandes males grandes remedios. Mandaré al ejército y que mate a todos los varones primogénitos de menos de dos años. Es mejor prevenir que curar. De paso le doy un retoque a la demografía, que estos judíos lo hacen a pelo y se reproducen como conejos”.
Esta es, más o menos novelada, la presentación de los hechos. El cruel Herodes mandó matar a todos los primogénitos y para ello contó con la eficacia y rapidez de su ejército. Pero Dios, y aquí viene cuando no cuadran las cosas, mandó a un Ángel para que avisara a la Sagrada Familia de que iban a por ellos. Mandó a un solo Ángel a que advirtiera a una sola familia de que salieran de allí por piernas, que las cosas pintaban bastos.
Y yo, descreído como soy, me pregunto: Y por el mismo precio, ¿No podía mandar un aviso global para que pillaran al menor número de primogénitos, o ninguno?  Aunque entonces no existieran el E-Mail y las listas de correo, entiendo que en el cielo debe haber Ángeles como para hartarse. ¿Qué estaban haciendo: huelga, una fiesta? Igual estaban preparando un concierto de Gospel y no terminaban de acoplar todas las voces. Pero da lo mismo, ¿No es Dios el jefe, el que manda, el que todo lo puede? ¿Por qué razón mandó un solo ángel a salvar a un solo niño pudiendo salvarlos a todos?
Entiendo que a nivel terreno uno salve primero a su hijo (o a sí mismo, que en este caso es igual por lo de la Trinidad) y los demás que se jodan; y aún y así, caso de tener tiempo, todavía intentaría salvar a algún otro: el de la vecina del cuarto, por ejemplo. Pero es que estamos hablando del Dios Uno y Trino (poca broma) no de un pamplinas de Matalascabras del Burgo.
¿Cabe la posibilidad de que Dios, en su infinita sabiduría y tan enemigo del aborto, considere que el infanticidio es menos cruel? Permítanme dudarlo, Él defiende el sexo a pelo y para la procreación, nada de lascivia que eso diluye el cerebro, casa del alma.
Algún misterio, que nos está vetado a los humanos descubrir, debió esconder un acto de tanta crueldad. Condenar a tanta criatura no bautizada a un Limbo en que pasarán la eternidad de los días, preguntándose qué de malo hicieron ellos para desaparecer de ese modo.
Pero dada la crueldad de los hechos también cabría preguntarse si aquel acto de dejación de auxilio (hoy tipificado en el código penal), no escondiera una prueba de su carácter psicópata y sádico. No quiero ni pensar en que Dios, nuestro Dios y el de todos los hombres, anduviera escondido tras un nube cualquiera degustando las mieles de la decapitación, del cercenar de miembros, de la sangre fluyendo por las calles como riachuelos rojizos, de los gritos y los llantos, del brillo de las espadas y el sordo sonido que emiten al dar en hueso… Y un coro de Ángeles, ya con las voces conjuntadas, cantando detrás de Él aquello de “Benedictus qui venit in nomine Domini. Hosanna in excelsis”.
Es terrible, pero es una opción. Los designios de Dios son inescrutables.


1 comentario:

Manel dijo...

Una infancia en la que mi cerebro, entonces infantil, absorbió toda la historia sagrada; amén de liturgia y otras cosas que me permitieron conocer al enemigo de primera mano.
Pronto tocará comentar el cacao trinitario y la virginidad de María.
Un saludo.