viernes, julio 23, 2010

Agreden a una lesbiana

En una breve reseña del periódico leí lo siguiente (sintetizado): En el restaurante José Luís de Madrid, una pareja de lesbianas fue agredida por una pareja de avanzada edad. Les profirieron insultos y el caballero abofeteó a una de ellas marchándose después. Tanto el personal como el  resto de la clientela no movieron un dedo para detener la situación.
Lo cierto es que, lo mismo que sucedió en Madrid, podría haber sucedido en cualquier otra ciudad del país, la estupidez no tiene fronteras. Lo triste, es que los versos de Antonio Machado no hayan perdido su sentido cuando nos dicen “Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón”.
Al cabo de los años seguimos teniendo a nuestro alrededor este tipo de individuos. Gente anclada en ideales nacional católicos, incapaces de mirar más allá de la nariz de sus prejuicios. Personas carpetovetónicas, provincianas, incultas, que se creen en posesión de la verdad absoluta y completamente fundamentalistas. Para ellos, este país debería seguir siendo lo que era hace medio siglo: un coto cerrado a las libertades individuales, un cementerio de ideas, un páramo de tristeza y miedo.
Hace años yo pensaba que irían desapareciendo, que por ley de vida se harían mayores y la muerte se los llevaría a su cielo de santos y mártires. Pero parece ser que no, parece ser que en la península Ibérica ese virus se propaga y no existe vacuna que lo cure. Lo vemos en individuos como Rouco Varela, en partidos como el PP y su anticatalismo, en partidos nacionalistas (y ahí entono un mea culpa como catalán) y su antiespañolismo, en ese matrimonio homófobo.
Imagino que vivir la vida pensando en respetar y ser respetado es un imposible. Imagino que pensar que cada cual es quien es, con sus defectos y sus virtudes, es algo impensable. Imagino que moverse por la vida sin envidia y con un criterio propio es una utopía.
Viendo ese triunfo de la estupidez sobre la ilustración me plantearé al final aquello de “Que paren el mundo, que me apeo”

3 comentarios:

LAURA dijo...

ESO MISMO¨APEARNOS¨DE ESTE MUNDO,HARIAMOS UNOS CUANTOS..PARECE MENTIRA Y EN EL SIGLO QUE VIVIMOS,QUE TENGAMOS QUE LEER EN LOS PERIODICOS ESA CLASE DE NOTICIAS.

Manel dijo...

Es lo que pongo en la entrada, que la estupide es infiníta.
Ayer estuve viendo un documental sobre Despeñaperros y salió una especie de bar que hay por esa zonay que se llama "Tio Pepe". Era un reducto franquista acojonante. Había una fauna que parecía sacada de los momentos más terribles del franquismo.
Terriiiiiiiible.

Manel dijo...

En general se cumple que a más "mayorez" más excepticismo, lo cual no quita que sigan naciendo bebitos con bigotito perfilado y gafas oscuras, o con coctel molotov en vez de biberón. Es lo que decía en la entrada, lo de la estupidez humana...
Por suerte aún quedan personas educadas para no comulgar con ruedas de molino. Aún nos movemos algunos que si fueramos a misa exigiríamos un cuerpo de Cristo más sustancial que la insulsa eucaristía de ahora. Si has de pegarle un bocado al hijo de Dios que sea en forma de bocadillo de jabugo. Irreverencia hasta el fin de los días.