sábado, septiembre 10, 2011

De los recortes en Educación


A nadie deberían extrañarle los recortes en Educación, Y quien se extrañe es que no entiende demasiado de qué va la película o bien tiene una visión altamente poética de la realidad en la que andamos inmersos. Me explicaré:
Siempre que se impone una Oligarquía, y esta Democracia “de pega” que tenemos en España ha demostrado sobradamente que lo es, su primera y principal preocupación es el control de la Cultura y de la herramienta que la propaga, la Educación.
Esto no es así por un mero capricho del grupo oligárquico. Tiene un significado profundo y estudiado, que ha sido utilizado hasta la saciedad a lo largo de la Historia; y en España con grandiosos resultados que, aún hoy en día, seguimos sufriendo.
La primera intención, y la principal, es que un pueblo que permanece inculto es fácilmente manipulable, ya que la falta de criterio que deriva de su incultura le impide darse cuenta de la realidad que le envuelve. Una prueba de ello es dar un somero repaso a qué cosas mueven realmente a la ciudadanía hispana en general. Unos pocos ejemplos pueden ser: el futbol, al que se llega a vincular con patrias y banderas y por el que se llega a matar; la televisión, en donde los programas de más audiencia no son sino meros escaparates de putas y macarras (la mayor parte de las veces) o chafardeos y envidias diversas; o altas dosis de beatitud de salón en forma de fiestas patronales, procesiones y proclamas de la milagrosidad de santos, mártires y Cristos varios. Todo ello aderezado con cervecitas en la terraza de un bar y un lacónico “esté yo bien, los demás que se jodan”.
La segunda, que ya tiene que ver con la utilización práctica del populacho, es de tipo económico. Esto es, cuanta menos cualificación o mayor cantidad de individuos para efectuar el mismo trabajo, los salarios tenderán a ser cada vez más bajos; con el consiguiente beneficio de las clases dirigentes.
Sobre esto último se podría argumentar que ¡No! Que eso no interesa, ya que a la Economía le conviene que haya personal cualificado dado que de ese modo la Industria mejorará. Es razonable, no lo dudo, pero solo en países que fueron capaces de superar la primera intención o que pretenden ser punteros y pioneros en cualquier empresa. Pero no olvidemos que hablamos de España, un país al que yo definiría brevemente como de “albañiles y camareros” y en el que la visión del 90% de los empresarios, los primeros incultos, no va más allá de la filosofía, también española, del “pan para hoy y hambre para mañana”. Somos, mal que nos pese, la pescadilla que se muerde la cola. Y con los recortes lo único que haremos es ir a peor, si ello es posible.
La contrapartida de todo esto vendrá, potenciando los centros concertados, esa vergüenza privada pagada con el dinero de “todos”, y que mayormente estará gestionada por escuelas pertenecientes a tal o cual orden religiosa católica. A esos el dinero que no les falte que se deben muchos favores los unos a los otros.
La culminación estará en una carísima y elitista enseñanza privada que se encargará de adoctrinar, que tampoco educar, a los retoños de la Oligarquía, preparándoles para ser los futuros dirigentes de una población cada vez más inculta, más dócil, más maleable, más conformable y, por supuesto, más fácil de engañar.
Pero el hecho de que la Oligarquía desee esto no implica, obligatoriamente, que nosotros debamos agachar la cabeza y aceptar. Hay cosas que podemos hacer al margen de las escuelas y los institutos para echarle una mano al profesorado y a los niños y jóvenes que serán el Futuro.
Podemos preocuparnos más por nuestros hijos. Leer para que ellos lean, aprender de las lecturas y comentarlas con ellos para que aprendan también. Aprender el manejo mínimo necesario de la Informática para movernos por la Red y filtrar lo que de bueno tiene, para contrastarlo luego con lo que nos cuentan los medios de información que están vendidos al sistema.
Es nuestra obligación, no la de la escuela, transmitirles que deben ser personas honestas, críticas y pensantes. Decirles que las verdades absolutas no existen, que lo que cuenta la Tele no es necesariamente la verdad (casi nunca lo es). Explicarles que no es tan importante “tener” como “ser”. Decirles que “hipotecar la vida por adquirir cosas no va a hacer sino esclavizarlos”.
Acumular conocimientos debe ser tarea conjunta de las escuelas y los padres, seres olvidadizos de la responsabilidad que se adquiere con la reproducción. Pero la tarea de educar, Educar de verdad para que nuestros retoños no comulguen con ruedas de molino, esa, recae exclusivamente en los padres y en las cualidades humanas que sean capaces de transmitirles.
Termino con el enlace a una breve biografía de Bertrand Russell, alguien con quien tal vez convendría compararse.


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