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martes, enero 18, 2011

Añoranza de Cronopio

Hace un par de días se puso en contacto conmigo el Negro pollón: pescador caribeño, gran bebedor, buen tocador de señoras y enculador esporádico si es que alguno lo merece. Por cuestiones de trabajo hubo de abandonar temporalmente la isla de los Cronopios y aprovecho para llamarme con la consigna de enviarme saludos y contarme un poco la situación.
Parece ser que el reducido número de Cronopios está pasando por una época algo baja y tristona. Ya se sabe, los Cronopios; que si se pierden al contar las celdas de los caparazones de las tortugas, que si los tiburones no aceptan el mismo trato que los delfines. En una palabra: añoranza.
Para mitigar en algo su pena me di en pensar que debía mandarles un pequeño detalle, algo que les elevara la moral. Por ello preparé un antiguo reproductor de cintas de casette Philips (modelo años 70), un buen surtido de pilas Ikea (mejor precio imposible) y un par de cintas conteniendo un heterogeneo número de canciones de antaño.
He mandado el paquetito por correo ordinario hacia Santo Domingo, donde el Negro Benof deberá recogerlo y entregarselo tan pronto como pueda.

Como homenaje a su lucha diaria, comparto uno de los mejores temas que contiene.

Salud, Cronopios, salud, y un fuerte abracito desde este lado.

domingo, diciembre 05, 2010

El viaje en barco de los Famas

Un heterogéneo grupo de seres se subió a un barco. Dicho grupo constaba de unos pocos Famas, un grupo algo mayor de Cronopios y un resto de Esperanzas, esos pobres bichos, contingente de la Infra vida.
Como sucede es estos casos, los Famas tendieron a organizarlo todo, a mandar sobre el resto de navegantes, y todo ello, sin el conocimiento previo de las artes del patroneo, condición indispensable si se pretende que el trayecto entre los puntos A y B se lleve a término y no termine en naufragio.
La primera decisión ya chocó, y de qué modo, con la idiosincrasia de los Cronopios. A saber: Todo el mundo debía tomar su remo y remar en la dirección, sentido y ritmo marcados por los Famas.
Los Cronopios, grandes anarquistas, dejaron de verlo claro a partir de la primera orden. Unos se negaban, argumentando algo tan manido como que “en todos los trabajos se fuma” y que aquella no era forma de empezar un viaje. Otros argumentaban que si todos los remos eran iguales, un aburrimiento supino caería sobre ellos y a la primera de cambio exigieron la posibilidad de pintar cada remo de colores al gusto, cosa que les fue denegada. Otros pensaban que si una orden no viene acompañada de un sentido o una lógica, la va a seguir Viriato, ellos no. Consecuentemente restalló el látigo, lo que produjo en los Cronopios el efecto contrario, pues es bien sabido que un Cronopio se dejará convencer pero jamás vencer.
Las Esperanzas andaban a lo suyo: Las unas intentaban lamer las garras de algún Fama, las otras soltaban risas estridentes, como de hiena, delatando a unos y a otros, pero ninguna tenía conocimiento de qué demonios es un remo.
Así las cosas, los Famas, en una decisión de mandato, de las de poner los cojones sobre la mesa, decidieron abandonar a su suerte a los pobres Cronopios en una isla desierta, su Mesias a la cabeza, y continuar, látigo en mano, apoyados por las Esperanzas, esos miserables bichos.
Según las últimas reseñas aparecidas en la prensa se ha sabido lo siguiente:
Los Cronopios han fundado una comuna anarco sindicalista en su isla tropical. En ella se dedican al hedonismo y sus actividades se reducen a proveerse del máximo placer y a pintar los cocoteros de colores vivos.
Del barco se conoce que sigue a la deriva y fue visto por última vez debatiéndose entre el oleaje del cabo de Hornos. Escasean los víveres. Los remos se han perdido. Al timón no va nadie porque los mecanismos de control de motines propuestos, apenas dejan tiempo para otra cosa. Las Esperanzas ya no saben donde lamer para mantenerse fuera del agua y en un noticiario sensacionalista de Puerto Williams, apareció una entrevista hecha a Isaías Murón, patrón del pesquero “La Paz”, en la que juraba haber oído salir de entre la niebla del estrecho de Le Maire una voz gutural que gritaba “Los que no remen en la dirección que yo diga serán echados por la borda”. Después reinó el silencio.


sábado, diciembre 04, 2010

Felicidad de cronopio

Si algo tienen los cronopios es que les gusta ir contracorriente. Es así como son y eso no lo cambia nadie. Por  ello te sale alguno, de tanto en tanto, con ganas de joderla. Y eso hizo no hace mucho uno, vecino mío, que atiende por Lucas pero cuyo nombre es otro.
Se levantó una mañana con el ánimo descompensado y después de llevar a su retoño al colegio se encerró en casa y se puso a trabajar en el taller. A saber:
- Tomó un tablerito pequeño de madera y le prodigó dos agujeros (broca para madera, diámetro cinco), en las sendas esquinas superiores.
- Tomó un bolígrafo Bic (punta normal, color negro) y escribió una leyenda sobre él.
- Tomó una lupa y aprovechó el solano de mayo para repasar lo escrito con tinta.
- Para terminar, ató un cordel de cáñamo a ambos agujeros y se colgó el invento a modo de collar.
Se miró al espejo, aceptando el artilugio y después lo posó cuidadosamente sobre el banco de trabajo.
Al día siguiente salió con el pequeño camino de la escuela. La diferencia con los anteriores venía marcada por el tablerito que llevaba colgado del cuello, la leyenda del cual rezaba: “Hoy decidí ser feliz” y una sonrisa que le colgaba por las orejas.
Al llegar a la explanada de la escuela y a medida que se iba introduciendo en el mar de madres, padres y niños, se producían, y por este orden, el silencio y posteriores murmullos.
Al minuto se podía escuchar a la señora Juana, mamá de Pepe, comentar a Fernanda, vecina y mamá de Eloy que hay que tener poca vergüenza, ir dando el espectáculo de ese modo. Los papás de Pablito comentaban entre ellos lo desdichada que debía ser la vida de esa familia. Los Pérez, papás de Marquitos, se la tenían con los Argüelles porque pensaban que aquella idea era linda de verdad mientras los otros giraban la cabeza, avergonzados. Todo era un continuo criticar o defender, negar o afirmar. Los murmullos iban creciendo, hasta convertirse en puro grito, entre los muchos detractores y los minoritarios defensores. De ahí no se tardó demasiado en llegar a los primeros empujones y a formar un pequeño comité de papás, bien educados, que entraron en tropel a elevar una queja a la dirección a voz en grito de que aquello no se puede aceptar en una escuela como esta. ¿Dónde vamos a parar?
Comenzadas las clases la explanada ya era un verdadero campo de batalla. Mientras, Lucas, volvía para su casa con la satisfacción del deber cumplido. A lo lejos se escuchaban las primeras sirenas.

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martes, noviembre 30, 2010

Morfologia de los cronopios

La morfología de los cronopios es algo especial. Sin entrar en disquisiciones anatómicas ya que no es el lugar para ello, nos permitiremos hacer una somera explicación, comprensible para los lectores de a pie, que describa ciertos funcionamientos cerebrales de los mismos.
Hemos de imaginarnos que el cerebro de un cronopio contiene algo parecido a tres cajones. A saber:
Uno de ellos es muy grande, mucho, y se le conoce como el primero. Ese es el cajón de la felicidad y la alegría. Se sitúa encima de los ojos. Es por eso que toda felicidad del mundo le cabe sobradamente en él. Su tamaño permite que no se llene jamás Es por esa razón que cuando un cronopio está feliz no cae en tonterías como que le esté nevando encima y haga un frío de carámbanos, ni siente las patas mojadas al estar con la mujer amada.
El segundo cajón es muy pequeño. Es el cajón de la pena. Se sitúa detrás del primero y solo se le ve a través del microscopio. Por esa razón cuando un cronopio entristece, cosa que hace muy a menudo y de modo visceral, se le llena enseguida y se ve obligado a desbordarlo hacia el tercer cajón.
Dicho cajón es el de las lágrimas, situado directamente detrás de los ojos y conectado por un tubito fino al segundo. Eso es lo que lleva al cronopio a llorar hasta casi la deshidratación cuando está apenado. Para cada espacio ocupado por ella, corresponde empujar una lágrima. Por tanto, cuanta más pena o tristeza o lástima sienta, mayor es al caudal del llanto. Hasta llegar a extremos preocupantes para los ingenieros hidrográficos.
De todos modos los famas médicos no han dedicado grandes esfuerzos a menguar o resolver dicho problema. Son sabedores de que los cronopios a la que se encuentren una lagartija o una rosa abriéndose, se olvidarán de todo y volverán a ser felices.


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